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Qué convierte a una fogata en el centro de la vida social al aire libre
Una fogata cambia la forma social de un espacio exterior en el mismo momento en que se enciende. Los cuerpos se orientan hacia ella sin que nadie lo pida. La conversación baja de volumen, pero se alarga. Los teléfonos aparecen menos. El espacio, hasta entonces un patio, una terraza o un courtyard, se convierte en una estancia con centro de gravedad, y ese centro de gravedad es la llama.
No es una afirmación romántica. Es la misma razón por la que un interiorista no colgaría una lámpara de araña sobre un tramo vacío de suelo ni dejaría un salón sin un elemento focal fijo. Las personas necesitan un lugar donde la mirada pueda asentarse. En exteriores, sin techo y sin paredes, esa necesidad es más acusada. La fogata la resuelve y, cuando lo hace, el resto del diseño tiene algo a lo que responder.
La forma y la escala del fuego importan tanto como su ubicación. Una llama baja y amplia sobre un cuenco escultórico transmite calma y lleva a los invitados a un ambiente sostenido y sereno. Una llama más alta y estrecha dentro de una forma de acero tipo campfire resulta más teatral y concentra un poco más el espacio. Una llama lineal larga en un kit empotrado se siente arquitectónica y favorece un eje de asientos más largo. Ninguna opción es correcta en abstracto. Cada una lo es para un espacio exterior concreto, y cada una anticipa el tipo de velada que ese espacio va a acoger. El trabajo del anfitrión consiste en elegir la forma de fuego que encaja con la reunión que realmente desea, y después diseñar el resto del espacio para que esté de acuerdo con ella. Explorar la gama de fogatas contemporáneas con esa pregunta en mente, en lugar de buscar simplemente el cuenco más bonito, es donde empieza la disciplina del diseño.

